Llegó lo bueno. Lo que no quiere decir que lo que hemos tenido hasta ahora haya sido malo. Más bien todo lo contrario. Pero hecha le selección de los 30 mejores, toca disfrutar. Conrad Homfeld ha hecho un trabajo fino, finísimo diría yo, con una caza y una Copa de Naciones que han dado las medallas por equipos con justicia y han descartado a los menos buenos sin herirles ni humillarles. Las dos pruebas, especialmente la segunda, fueron preciosas de ver, con complicaciones técnicas importantes pero nunca peligrosas que obligaron a jinetes y caballos a dar lo mejor de sí. Hoy viernes toca seleccionar a los 4 mejores y, con el descarte de los 90 peor clasificados, es evidente que Homfeld va a elevar el listón de la exigencia. El nivel de los participantes lo permite y el objetivo final, el Campeonato del Mundo, lo exige.
Hoy no habrá españoles en competición, lo que, desde luego, no es una buena noticia.
Ninguno está entre los 30 mejores, pero tampoco ninguno ha desentonado. Nos hemos quedado a mitad de camino, con el objetivo ahora puesto en Madrid. En nuestro país buscaremos el próximo año la clasificación para los Juegos Olímpicos, algo que, por cierto, tampoco han conseguido los Estados Unidos. ¡Había que verle las caras a los americanos al término de la prueba del miércoles! Especialmente Mario Deslauriers y Lauren Hough estaban literalmente destruidos. El primero era consciente de haber montado mal y la segunda no acertaba a explicarse lo que le había pasado a Quick Study, que, ya en la pista de ensayo, le había dado varios parones de esos que te hacen entrar en la pista con flojera de piernas. Tampoco los holandeses estaban para bromas, ni los brasileños a pesar de su gran resultado. Ser cuartos está muy bien pero perder la plata en el penúltimo salto del último recorrido deja muy mal sabor de boca. Álvaro de Miranda era, sin duda, el más afectado.
Por aquí se ha visto a viejos conocidos de la hípica española, como Quin Chin (antiguo caballo de Fanfa) que es uno de los ejemplares que mejor impresión me ha causado hasta ahora en el Campeonato con una joven amazona de Taipeh. También ha saltado más que dignamente Ambiente, la ex de Pedro Mateos y Juan Antonio de Wit; K Club Lady (antes Olanda), que pasó de Tino Torres a Cian O’Connor; Leopold Pierreville, Tresor o Urico, ahora con Mario Deslauriers y antes con Paola Amilibia. Por cierto, que la amazona catalana está por aquí junto al mexicano Fedérico Fernández. También hemos podido ver a Pinky Toda con Alberto Márquez Galobardes, a Dani García Giró, a Alvaro Arrieta y Pablo García Piqueres de Oxer, a la inagotable Monica Llach y a familiares y amigos de los cinco representantes españoles junto a responsables federativos.
Ya hemos guardado las banderas, que era la forma de animar y también de localizarnos en un sitio abrumador y excesivo en todo. Casi ¡5 millones de metros cuadrados! dan para mucho, entre otras cosas para perderte entre tiendas , stands, museos, exhibiciones, bares, cuadras y pistas de todo tipo. Eso sí, hay que venir con las fuerzas intactas y la billetera repleta. Para empezar, 20 dólares diarios por el parking (no hay forma de escaquearse, os lo aseguro), luego una caminata de 20 a 30 minutos según donde te toque aparcar hasta llegar a la pista. La entrada al Horse Park cuesta 25 dólares, pero si, además, quieres ver las pruebas (valiente tú) ya puedes ir aflojando entre 60 y 120 dólares según el día y la ubicación de la localidad. No contentos con ello, las dos jornadas de la Copa de Naciones fueron divididas en sesiones de mañana y tarde, por lo que había que pagar entrada para cada una de ellas. Una cervecita (con bourbon, eso sí): 7 dólares. Un perrito caliente: 8 dólares. ¡Y luego dicen que no se llenan las tribunas!
Un matrimonio con dos hijos que quisiera ver completa la Copa de Naciones se habría gastado 1.200 dólares sin incluir comida ni souvenirs. Dudo mucho que les quedaran ganas de ver, mejor dicho, de pagar para la final del sábado. Aquí estaré para contárosla, si la Visa y las piernas aguantan. Que aguantarán. Con el pase de prensa, todo se ve muy distinto. Creo que, sin él, mi afición no sería la misma. Y mi cuenta bancaria tampoco.
CARLOS MIGUEL
Resultados de la prueba en saltos